domingo, 3 de octubre de 2021

Enrico Caruso, un napolitano en Nueva York

 Fue un hombre elegante, pulcro y de voz prodigiosa. Le gustaba ensayar los papeles que representaría durante sus visitas al barbero. En otras ocasiones aprovechaba el tiempo que dedicaba al baño. Su grabación de 'Vesti la giubba' en Pagliacci fue el primer disco que vendió un millón de ejemplares, y su fama creció durante los primeros años del siglo XX en los cuales cantó en las mejores salas de ópera del planeta. A ello habría que añadir que Caruso se convirtió en el Primer Tenor del Metropolitan Opera de Nueva York durante más de 17 años, lugar a donde marchó tras salir de su Italia natal.

Cuando Enrico nace en febrero de 1873 en el seno de una familia napolitana que llegó a tener más de veinte hijos, los recursos eran limitados. Empezó a cantar en el coro de la parroquia de su barrio gracias al esfuerzo de su madre para convencer a su padre de que le dejase sacar la voz que llevaba dentro. Los pobres no tenían acceso al arte en aquellos tiempos, y, de hecho, no pudo estudiar música y empezó a labrarse un futuro como aprendiz de mecánico. En su juventud hubo un acontecimiento que marcaría el futuro de su carrera como intérprete. La muerte de su madre hizo que viese la luz a la hora de enfrentarse a su estricto progenitor y dedicarse por completo a la música. «Me había resignado a seguir mi trabajo como el aprendiz de un mecánico, sin embargo, mi corazón estaba lleno de tristeza, encima de una pérdida irreparable, yo no encontraba ninguna razón que justificase seguir sacrificándome por la música», llegó a comentar a posteriori, pero el hecho de que la que fuera su madrastra le animase con el canto hizo que dejase de lado el hogar familiar. Así fue como gracias a la ayuda de un profesor muy famoso de la ciudad llamado Vergine comenzó a estudiar canto, y con los años fue quien le conseguiría su primer papel como sustituto de tenor en una compañía ambulante de ópera. El circulo de admiradores napolitanos empezaba a escuchar hablar de 'Carusiello', el apodo de pequeño divo de la canción, pese a que en su primera actuación con la compañía el alcohol no le dejó acabar la representación y fue despedido a los 19 años de edad. Tras un periodo en el ejército de donde salió a causa del furor que desataba su voz entre los altos mandos, empezó a destacar en el panorama de las óperas nacionales. De Nápoles a Milán, y de ahí al extranjero por los mejores teatros de Europa. Cantó en Roma, en Montecarlo, en Londres, en Lisboa o en San Petersburgo entre otros lugares y a su vuelta a la ciudad napolitana una interpretación de una obra de Donizetti desató la crítica del público de forma feroz, tanto que el tenor juró y cumplió no volver a cantar nunca más en aquella villa.

Caruso fue un hombre al que la fama le llevó a estar siempre rodeado de mujeres, cuentan que sus artes para la seducción eran prolíficas. Le gustaba la buena vida, le apasionaba la comida y tenía buena mano para el dibujo donde destacan numerosas autocaricaturas. Su primer amor fue la cantante de ópera Ada Giachetti con quien tuvo dos hijos y años más tarde tuvo otra hija con Dorothy Benjamin Park, una de las grandes celebrities estadounidenses del momento. Este enlace fue poco antes de fallecer a causa de una enfermedad provocada por el consumo excesivo de tabaco. Le gustaban los cigarrillos egipcios y también los habanos, tanto que no desaprovechó en una de sus visitas a Cuba a una de las fábricas de tabaco donde recitó ante los trabajadores de la misma 'La Donna e Móbile' de Rigoletto, motivo por el cual durante diez minutos de sonido de chavetas le llovieron cigarros como si de un teatro y claveles se tratase. Tras dar el salto a Nueva York con 'Rigoletto' de Verdi, pasó por Berlín, Buenos Aires y Viena, aunque más de dos tercios del total de las actuaciones que realizó en su vida las hizo en el Metropolitan de la ciudad estadounidense. Además de en su lengua materna, cantó en inglés, castellano y francés, aunque con un gran acento italiano. Era conocido en aquel momento como el mejor tenor del mundo, sus grabaciones con fonógrafos le llevaron a realizar más de 200 trabajos que se escuchaban por el planeta y ello le ayudó a adquirir un alto nivel de fama global. Las grandes salas y compañías querían hacerse con sus servicios, lo que le llevó a firmar contratos millonarios. Un magnífico artista al que un dolor costal en el lado izquierdo le hizo empezar a decaer en 1920. Su salud quedaba muy deteriorada a cada paso que daba debido a la tos, las cefaleas y la sangre que en ocasiones expulsaba por la boca. Tanto él como su médico quisieron restarle importancia, hasta que fue demasiado tarde tras un año de altibajos donde parecía que salía adelante y al poco tiempo recaía de nuevo. El verano de 1921, Enrico Caruso fallecía en el Hotel Vesuvio de Nápoles, lugar donde se instaló su capilla ardiente. «Doro, no puedo respirar» fueron las últimas palabras que dedicó a su mujer. Tras ello, el Metropolitan Opera House de Nueva York cubrió durante un mes su fachada de negro, el lugar que lo había sido todo para el tenor y a donde volvió en sus últimas navidades para despedirse ante su público. Un artista para la historia de la música.


























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